Estábamos en el paradero de la Diagonal discutiendo. Había comprado el pan para que tomáramos once, pero le dije que no quería estar más con él. Hice parar la micro y me fuí. Anduve como una cuadra y me bajé corriendo detrás de él, con bolsa de pan y todo, pero no lo veía. Cuatro cuadras más allá lo encontré subiéndose a un micro, así que corrí, me paré a mitad de calle, golpeé la venta donde él estaba sentado y le hice bajar. Me miró asustado, lo abracé fuerte y le dije al oído: no tengo plata para irme, ahora.
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