Cuando
trabajo en el computador, mi gata Melanina (albina) se recuesta en el sofá y mi
gata Colora (tricolor) se tiende en la silla contigua a la mía. Yo sigo trabajando,
escribiendo, y de vez en cuando las observo y acaricio. Me levanto y voy al
baño y ellas me acompañan, ambas, sí, vamos las tres al baño. Luego, preparo
algo de comer y ellas van conmigo a la cocina. Regreso al computador y me
pregunto qué estoy haciendo, y si lo estoy haciendo bien, y las miro. Cierro
los ojos para calmarme, pienso en un campo amarillo de raps, estoy en el campo
de raps. Abro los ojos y el computador sigue ahí, esperándome, acusándome. Juego con
Melanina, que es la más joven e inquieta de ambas, y acaricio a Colora para
evitar que se sienta celosa. Miro mis manos con pelos de gatos, los arrojo por
la terraza y se van flotando hacia el sur. Vuelvo al computador y prosigo,
cuando de repente siento la patita de Colora encima de la rodilla. Hay alguien
que piensa que soy extraordinaria, que lo puedo hacer todo. Que es un placer acompañarme,
en los peores y mejores momentos, que confían en mis decisiones, que no temen
ser decepcionados. Hay quienes irán a donde yo vaya, y creen que merezco esa
compañía. A veces me preguntan por qué
tengo dos gatos, yo me pregunto por qué tener ninguno.
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