jueves, 17 de diciembre de 2015


Cuando trabajo en el computador, mi gata Melanina (albina) se recuesta en el sofá y mi gata Colora (tricolor) se tiende en la silla contigua a la mía. Yo sigo trabajando, escribiendo, y de vez en cuando las observo y acaricio. Me levanto y voy al baño y ellas me acompañan, ambas, sí, vamos las tres al baño. Luego, preparo algo de comer y ellas van conmigo a la cocina. Regreso al computador y me pregunto qué estoy haciendo, y si lo estoy haciendo bien, y las miro. Cierro los ojos para calmarme, pienso en un campo amarillo de raps, estoy en el campo de raps. Abro los ojos y el computador sigue ahí, esperándome, acusándome. Juego con Melanina, que es la más joven e inquieta de ambas, y acaricio a Colora para evitar que se sienta celosa. Miro mis manos con pelos de gatos, los arrojo por la terraza y se van flotando hacia el sur. Vuelvo al computador y prosigo, cuando de repente siento la patita de Colora encima de la rodilla. Hay alguien que piensa que soy extraordinaria, que lo puedo hacer todo. Que es un placer acompañarme, en los peores y mejores momentos, que confían en mis decisiones, que no temen ser decepcionados. Hay quienes irán a donde yo vaya, y creen que merezco esa compañía.  A veces me preguntan por qué tengo dos gatos, yo me pregunto por qué tener ninguno.

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