martes, 2 de agosto de 2011

El clima es húmedo, hace calor, mucho, sube la humedad, tanto que llega al cielo y las nubes abundan hasta que ya, al atardecer, se escuchan los truenos, harto rato, algo así como para darle más tensión a la parte en que cae la lluvia. Uno ve el ciclo del agua en un ratito en la Amazonía. Después viene la escena en que uno se sienta, esperando que amaine la lluvia, y piensa mil cosas, que agosto comienza raro, que mi guata no bajará si ejercito sólo los párpados (aunque debería contar), que Chile lo único bueno que tiene es Septiembre y que el pan siempre siempre debe ser salado y no dulce como lo hacen aquí en Ecuador, pero el agua no amaina ni con eso. Yo he visto películas que comienzan igual que nuestra historia, y todas terminan bonito. Pero a mí siempre me falta un partner. Para todo, o tengo esos que apañan de vez en cuando, me hacen sentir sola, me dicen que no hay vida en Marte. A mí me carga la ropa que no se cuelga bien en los colgadores, esas que son anchas y se caen del sujetador, no me caen bien porque no avisan cuando uno las compra, eso debería salir en la etiqueta junto con el “lavar a mano” o el botón de repuesto. A mí me da miedo la boca de Julia Roberts, a veces la veo cuando cierro los ojos y debo encender la luz para dormir. Me siento mal por escuchar discos viejos, discos que escuchaba con otros y ahora darle otro sentido sólo porque estoy enamorada. Con qué derecho uno se enamora asi de bruto?, como los caballos, sin mirar a los lados. Me da pereza cargar con la idea de que sólo hay una vida, y ésta se hace a diario, de no tener objetivos claros y que mi existencia se base en accidentes afortunados, como si las decisiones angulares me fueran arrebatadas mientras dormía el “sorrito” de la tarde. Dime suerte porque últimamente mi desesperanza regresa a casa cada vez más oscura, silenciosa, que le has estado haciendo a esa eterna adolescente?. Estas noches he despertado con polillas en la cama y ahora temo que ocurra algo malo a fin de mes. Uno nunca sabe, eso es lo peor de todo. Las certidumbres se alejan, me miran de reojo como si no existiera. Yo les miro fijo, como a los zancudos, y les pregunto “eso que tienes ahí, detrás, es dengue?”. Nunca responden, se hacen las mudas, las muy farsantes, seguro se callan cuando tienen la verdad en frente. Como si uno pudiera irse a dormir así, con todo este chiquero que tengo dentro, hacerse la tonta y a la cama?. Así no es na’ la cosa, esto no anda al lote, pero tengo esta locura que me tiene todo patas pa’ arriba. Dios mediante, para que algún día yo pueda dejar el cerebro en un vaso con agua en la mesita de noche, y a la mañana siguiente no se lo haya puesto mi hija en la mandíbula.

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